“Si el profeta habla en nombre de Jehová, y no se cumple ni acontece lo que dijo, esa palabra no es de Jehová. Por presunción habló el tal profeta, no tengas temor de él” (Deuteronomio 18:22).
En esta vida he tenido la suerte de conocer y tratar con distintos testigos de Jehová. Y la impresión que me dan es que se trata de gente buena, de gente que realmente busca a Dios, que tiene hambre de Dios, pero que está muy engañada y que sufre mucho por seguir las directrices de la organización de la que forma parte.
He conocido familias totalmente destruidas por la Sociedad Watchtower. He visto familias rotas en las que no se hablan padres con hijos, hermanos con hermanos. He visto a extestigos de Jehová que ya no son saludados por sus parientes más próximos o por sus amigos de toda la vida que todavía continúan metidos ahí dentro.
Y es que cuando un testigo se sale de la organización, de repente sus familiares y amigos dejan de saludarlo. Como si no lo conocieran. Ni le hablan. Hasta el punto de que si llega a morir ni siquiera asisten a su funeral. Es un caso flagrante de discriminación religiosa y esta muerte social provoca en el extestigo un inmenso dolor.
Una de las principales diferencias entre una religión y una secta es que de la primera puedes salirte libremente sin represalia alguna, pero la secta intenta mantenerte prisionero y si te sales afrontas las consecuencias. Puede que la Watchtower sea legalmente una entidad religiosa, pero en la práctica es una secta.
La única diferencia que hay entre los testigos y el terrorista Osama Bin Laden es la violencia. Se trata de fundamentalistas cuyo fanatismo se encuentra muy alejado de las Escrituras. Pero los testigos sólo son víctimas inocentes. La única culpable de todo es la Sociedad Watchtower, que les lava el cerebro y venda los ojos.
Tienen normas rarísimas. Una testigo invitó a una pariente mía a que acudiera un domingo al salón. Mi familiar fue con pantalones -nadie le avisó de que debía llevar falda- y cuando llegó allí su amiga -la que la había invitado- no le dirigía la palabra, como si fuera invisible, y le daba la espalda como si no la conociese de nada.
He conocido niños y adolescentes que crecen traumatizados. A diferencia de otros muchachos de su edad, no celebran la Navidad ni el cumpleaños porque -dicen los testigos- tales festejos no son bíblicos. Ciertamente no lo son. Tampoco el automóvil, pero no veo a ninguno de ellos que acuda al trabajo montado en un asno.
He visto con mis propios ojos cómo la Sociedad trata de apoderarse de las propiedades de sus acólitos. Sé de encuentros periódicos donde se reúnen los fieles de distintos municipios y donde se aplaude y jalea que un miembro deje en herencia su dinero y bienes a la entidad (con ánimo evidente de que el resto tome ejemplo).
Los testigos viven en un auténtico gueto. Prácticamente sólo se relacionan entre ellos y tratan de apartarse de la “gente del mundo” porque es pecadora (¡qué diferencia tan grande con Cristo, que buscaba con ahínco este tipo de gente!). De algún modo se consideran más puros que el resto. Se llaman cristianos pero no lo son.
La mayoría de testigos que he conocido tiene estudios básicos. La propia secta te anima a no estudiar. Primero, porque según ellos sólo cuenta la Biblia y los “conocimientos del mundo” no valen de nada. Y segundo, porque el Armagedón está a la vuelta de la esquina. Y es que un acólito ignorante siempre es más fácil de manipular.
Los pobres testigos viven traumatizados con la idea del fin de los tiempos. La Sociedad ya ha fijado la fecha del Armagedón para 1914, 1915, 1918, 1925, 1975 y 2034. Es evidente que desconocen las palabras de Jesús respecto al fin del mundo (Mateo 24:36) y que, de acuerdo a la Biblia, son falsos profetas (Deuteronomio 18:22).
También sus doctrinas son falsas: niegan la Trinidad, la personalidad del Espíritu Santo, la divinidad de Jesús, su resurrección corporal, o la existencia del infierno. Y sostienen que la Sociedad es la intermediadora entre Dios y los hombres y que la salvación es por obras (asistir a reuniones, conseguir X adeptos, etc).
Y eso por no hablar de las polémicas transfusiones de sangre. Hay madres tan abducidas por esta secta que prefieren dejar morir a su bebé recién nacido a transfundirle sangre. Y todo a partir de interpretaciones torticeras que hacen de esa versión manipulada de la Biblia que usan ellos, la Traducción del Nuevo Mundo.
Desde su nacimiento, la Sociedad Watchtower ha sido un negocio. Comenzando por su fundador, el falso profeta Charles Taze Russell, que amasó un gran patrimonio o por su sucesor, Joseph Rutherford, que ordenó construir una mansión para Abraham, Moisés y Elías y al final fue él quien se puso a vivir allí.
En resumen, que todos los testigos que he conocido son muy buena gente, pero en el fondo están sufriendo un infierno dentro de esa secta. La Sociedad Watchtower juega con su buena voluntad y se aprovecha de ellos. Lo mejor que pueden hacer es salir corriendo de esa secta y buscar de todo corazón al Dios verdadero, que es Jesús.













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