Eurabia acomplejada.

Estos días circula por internet un video vergonzoso. Es la noticia de un varón musulmán somalí de 25 años, refugiado político, que eludió la vigilancia en la Catedral de Florencia y se puso a bailar subido en el altar de la Catedral frente a los turistas y fieles presentes. Lo más curioso es que estuvo bailando durante un buen rato, con total impunidad, ante la mirada perpleja de los católicos que no movieron ni un dedo. Tras el incidente, el impresentable fue conducido al cuartel del comando provincial de la policia, en donde se determinó que no hablaba italiano (pero oraba en árabe mientras estuvo retenido) y que residía en un país de la península escandinava. El hombre en cuestión no fue acusado de ningún delito.

No sé qué me molesta más, si el hecho de que un musulmán profane un templo cristiano o que los propios cristianos allí presentes no lo hubieran sacado de allí a hostias. Porque eso es lo que Jesucristo hizo con los mercaderes y eso es lo que deberíamos hacer nosotros con cualquiera que se atreva a cometer un sacrilegio en la casa de Dios. Un cristiano que entrase a una mezquita e hiciese lo mismo no habría salido vivo de allí. Pero Europa está demasiado acomplejada de sí misma. Hasta el punto de acusar de racista a cualquiera que  crea que el islam es una amenaza mientras que mira a otro lado cuando en Arabia Saudita se asesinan cristianos por el solo hecho de serlo. Mientras, el islamofascismo desembarca en Europa.

El Viejo Continente tiene miedo del islam. Como lo tenía del nazismo. Y tiene miedo de decir la verdad. Está demasiado preocupado por el que dirán como para hacer frente al totalitarismo. Parece como si tuviéramos que pedir perdón por ser europeos, por ser occidentales, por ser cristianos, por ser superiores. Superiores sí, porque la civilización occidental, básicamente judeocristiana y grecolatina, es, con todos sus defectos, la mejor del mundo. No hay más que comparar la nómina de inventores, artistas y literatos de unos y de otros para darse cuenta. No tenemos que pedir perdón a nadie. No tenemos la culpa de que el islam sea una religión atrasada y bárbara que todavía sigue anclada en la Edad Media.

Occidente está cavando su tumba. Da empleo, residencia y  hasta refugio político a auténticos cavernícolas que odian nuestras creencias, nuestro Dios, nuestra civilización y estilo de vida. Los musulmanes odian Occidente. Quieren aniquilar la democracia para sustituirla por una teocracia medieval donde no haya cabida para los infieles. Y nosotros estamos abriendo las puertas a esta invasión, dando la bienvenida a este caballo de Troya que es la inmigración, a esos quintacolumnistas de la media luna. No se puede ser tolerante con los intolerantes. Si ahora que ellos son una minoría en Europa nos insultan en nuestra propias iglesias, que no le quepa ninguna duda a nadie de que cuando sean mayoría vendrán a matarnos a todos.

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