¿Por quién votan los cristianos?

Desde la instauración de la pseudodemocracia en España en 1975, los ciudadanos asistimos periódicamente a todo tipo de comicios: locales, autonómicos, estatales y europeos. A la hora de votar son muchas las cosas que debemos valorar: el derecho  de autodeterminación o la unidad de España, las políticas de izquierdas y de derechas, las propuestas en materia económica y social, el fenómeno de la inmigración, el paro o el terrorismo son sólo algunas de las muchas cuestiones que debemos tener en cuenta.

Pero la cuestión es ¿a quién votan los cristianos? A pesar de que en el Estado Español existen algunos partidos de raíces cristianas (como Familia y Vida, Coalició Valenciana o Unión del Pueblo Navarro por citar algunos ejemplos), estas formaciones y otras similares cuentan con apenas unos pocos miles de votos. Y eso a pesar de que en torno al 75% de españoles se declara cristiano. Así, el voto creyente va a parar a los dos partidos mayoritarios: el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y el Partido Popular (PP).

El voto cristiano debiera ser un voto de calidad, donde los valores morales fuesen el interés predominante. Pero por desgracia el voto de católicos, protestantes y ortodoxos no se diferencia en nada del de ateos, homosexuales o musulmanes. Y eso me parece realmente espeluznante. PP y PSOE son formaciones que, con pequeñas diferencias de matiz, apoyan el aborto, la destrucción de células madre embrionarias, la eutanasia, las parejas de hecho o los gaymonios y lesbimonios que para más inri pueden adoptar niños.

Un obispo  que vote al PP y luego se queje del aborto es sin duda un fariseo y un hipócrita. Un pastor evangélico que clama contra el pecado de la homosexualidad pero luego vota por los socialistas es simplemente un sinvergüenza. Hay que decirlo bien y alto y bien claro: el pecado avanza en todo el mundo y toma rango de legalidad porque la iglesia cristiana no vale ni un pimiento, porque los creyentes somos tan melifluos y patéticos que, a la hora de votar, la última de nuestras prioridades es Cristo.

El gaymonio y el aborto se expanden como mancha de aceite por toda Europa y América y ¿saben por qué? Porque los políticos saben que, hagan lo que hagan, van a seguir contando con el voto creyente. Porque si legalizar el gaymonio  costase perder dos millones de votos de la noche a la mañana ningún dirigente se atrevería a defender tal abominación. Pero por desgracia tenemos una iglesia basura que no le retiraría el voto a un presidente ni aunque cometiese la inmensa blasfemia de violar a la Virgen María.

3 comentarios (+add yours?)

  1. MaruGomita
    nov 03, 2010 @ 18:59:52

    Estimado Sr. Ferrer, escribiré esto muy a pesar de su agrado o desagrado.
    Comprendo su molestia, en algunos casos la comparto, sin embargo “..quién esté libre de pecado tire la primera piedra..” y Mateo 7: 1- 6, lo escribiré “No juzguéis, para que no seáis juzgado. Porque con el juicio con el que juzgáis, serás juzgado, y con la medida con la que medís, os será medido. ¿y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano y no miráis la viga que tienes en tu ojo? O ¿Cómo dirás a tu hermano: déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo?. ¡Hipócrita! caca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja en el ojo de tu hermano. No deis lo santo a los perros, ni echeis las perlas delante de los cerdos, no sea que las pisoteen, y se vuelvan y os despedacen.”
    Sr. Ferrer, es mejor que con cautela escriba sus artículos cristianos, en vez de preocuparse tanto por el “ciento por uno” que usted cree que no está en la Biblia, pero si está, de echo está explícitamente al menos dos veces. Y preocúpese mas por frases como:

    “Un obispo que vote al PP y luego se queje del aborto es sin duda un fariseo y un hipócrita. Un pastor evangélico que clama contra el pecado de la homosexualidad pero luego vota por los socialistas es simplemente un sinvergüenza.”

    “porque los creyentes somos tan melifluos y patéticos…”

    “El gaymonio y el aborto se expanden como mancha de aceite por toda Europa…”

    Señor Ferrer Cristo, mi señor, se murió en la cruz, humillado, azotado, desangrado, por esas personas a las que usted insulta, por los homosexuales y por los enfermos, por los perdidos vino Dios, por LO VIL Y LO MENOSPRECIADO, Dios no vino por los sanos, sino por los enfermos, y cada vez que un insulto sale de su boca para alguno de sus hermanos, es a mi señor a quién usted ofende, por que esas personas “que para INRI” pueden adoptar hijos, son los hijos de Dios, tanto como usted y como yo, MISERICORDIA, señor Ferrer, misericordia es lo que Jesus quiere, no crítica y malos tratos.

    Yo entiendo su posición, pero lograría más hablándole a la gente de Dios, así como alguna vez le hablaron a usted, que juzgando a las personas, ese no es su trabajo, su trabajo como cristiano es tener misericordia!!!

    Responder

    • J.Ferrer
      nov 04, 2010 @ 10:13:47

      MaruGomita:

      Puede que tenga razón en lo que plantea. Ahora bien, mi rabia se debe a que el pecado avanza sin remisión. La crítica no va hacia los pecadores (que todos lo somos, yo el primero) sino a la actitud de no hacer nada para confrontar el pecado. Europa se está descristianizando a marchas forzadas con la complicidad de los cristianos. Y fíjese que cuando hago la crítica, me incluyo a mí mismo en ella:

      “porque los creyentes somos tan melifluos y patéticos…”

      Hablo en primera persona, también yo me incluyo en la crítica.

      Responder

  2. melviton
    feb 25, 2011 @ 14:18:34

    Mi estimada MaruGomita:

    Si bien es cierto que no debemos juzgar a nuestro prójimo en lo absoluto, también es cierto que no debemos dejar pasar la maldad de la humanidad y hacernos de la “vista gorda” sólo porque no debemos convertirnos en jueces de nuestros semejantes. Una cosa es “juzgar” y otra muy diferente es “denunciar” la maldad que en realidad se ha esparcido por “Europa y América” como lo expresa muy correctamente el señor Ferrer. Jesucristo nos advirtió acerca de los “postreros días” en que la maldad sobre la Tierra llegaría a niveles nunca antes vistos cuando, expresó, en uno de sus evangelios: “Cuando el Hijo del Hombre venga, ¿hallará la fe sobre la Tierra?”

    Para tratar de llegar al corazón de nuestro prójimo, sea cual sea su condición moral o espiritual, debemos primero aprender a identificar la maldad de ellas para intentar llevar el mensaje de salvación que Jesús nos indicó cuando ordenó ir en busca de las “ovejas perdidas”. Nuestro Redentor en realidad sí murió por toda la humanidad, por todas esas personas que usted menciona en su comentario. Hasta ahí estamos de acuerdo. Pero hay que tener mucho cuidado de cómo decimos las cosas. Una cosa es decir que Jesús murió por los pecados de la humanidad y que vino a salvar a los enfermos, y otra muy diferente es interpretar que, no importando la condición moral o espiritual en que nos encontremos, Jesucristo nos va a dar el visto bueno de manera automática sin hacer cambios en nuestra vida. El no va a tolerar la maldad de la humanidad, así como no toleró cuando estuvo en la Tierra, la maldad e hipocresía, sobre todo de los líderes religiosos de su día que les dijo hasta “prole de víboras”, “sepulcros blanqueados” “cómo van a huir del juicio del Gehena”. De manera que su sacrificio nos alcanza, siempre y cuando seamos merecedores de su misericordia. Es decir, tenemos que hacer cambios en nuestra vida.

    Ahora bien, sobre el particular hay que analizar algunos aspectos muy importantes: En la historia del pueblo antiguo de Dios, primero se nombraron jueces en gran escala poco después que Israel salió de Egipto en 1513 a. de la E.C. Moisés, al tratar de manejar todos los casos que requerían las decisiones del Dios verdadero según Sus leyes, estuvo en peligro de agotarse. Su suegro, Jetro, aconsejó que parte de la responsabilidad se distribuyera para que se pudiera dar mejor atención a la multitud que iba siendo conducida por el desierto. Se seleccionaron millares de hombres capacitados para ayudar a Moisés. Estos habrían de encargarse de problemas o cuestiones comunes que surgieran. Moisés continuaría llevando la responsabilidad primaria de familiarizar al pueblo con la ley y las disposiciones reglamentarias de Dios, y de darles a conocer la manera en que debían andar y la obra que debían hacer. Se recomendó un arreglo muy ordenado: “Pero tú mismo debes escoger de entre todo el pueblo hombres capaces, temerosos de Dios, hombres dignos de confianza, que odien la ganancia injusta; y tienes que establecer a éstos sobre ellos como jefes sobre millares, jefes sobre centenas, jefes sobre cincuentenas y jefes sobre decenas. Y ellos tienen que juzgar a la gente en toda ocasión apropiada; y tiene que suceder que toda causa grande te la traerán a ti, pero toda causa pequeña ellos mismos la manejarán como jueces. Así hazlo más ligero para ti, y ellos tienen que llevar la carga contigo. Si haces esta misma cosa, y Dios te ha mandado, entonces ciertamente podrás soportarlo y, además, todo este pueblo vendrá a su propio lugar en paz.”—Éxo. 18:13-23.

    Más tarde, después que el pueblo se estableció en la tierra de Canaán, Jehová levantó jueces, no solo para escuchar casos que envolvieran violaciones de la ley, sino para librar a su pueblo de las manos de los opresores. (Jue. 2:18) Estos jueces fueron nombrados como caudillos y también ayudaban a la gente a conocer y aplicar la ley de Dios. Entre ellos estuvieron hombres como Gedeón, Barac, Sansón, Jefté y Samuel, que ejecutaron notables hazañas y también “efectuaron justicia,” según el registro que se halla en Hebreos 11:32, 33. Otros jueces del Israel de la antigüedad, que servían de hombres de mayor edad en la comunidad, no solo se encargaban de casos jurídicos, sino que también participaban en deberes administrativos.—1 Cró. 26:29; 2 Cró. 19:4-7.

    Hasta de los reyes de Israel se requería que leyeran el libro de la ley y aprendieran así a temer a Jehová y observar su palabra. (Deu. 17:19, 20) Se les instaba a juzgar los asuntos en armonía con ello, si querían prosperar y tener el favor de Dios.—2 Cró. 1:9-12.

    JUECES HOY DÍA

    ¿Cuál es el arreglo que está en vigor para juzgar los asuntos entre el pueblo de Dios hoy día? Dios ha levantado hombres dispuestos que están en posición de servir de jueces y consejeros. Estos hombres tienen que satisfacer los requisitos divinos que se exponen en 1 Timoteo 3:1-7 y Tito 1:5-9. Su responsabilidad no solo incluye encargarse de asuntos judiciales. También enseñan y aclaran lo que Dios requiere y estimulan el rendir servicio de toda alma a Dios y obedecer fielmente sus principios justos.—Col. 3:23; 1 Tes. 5:21; 1 Ped. 1:22.

    ¿Qué punto de vista tenemos de este arreglo según se encuentra en la congregación local con la cual nos asociamos? No queremos ser como algunos de la congregación corintia del primer siglo, que instigaban a los cristianos a pleitos de unos contra otros ante incrédulos. El apóstol Pablo censuró a éstos, diciendo: “Hablo para hacerles sentir vergüenza. ¿Es verdad que no hay entre ustedes ni un solo sabio que pueda juzgar entre sus hermanos, sino que hermano va con hermano a los tribunales, y eso ante los incrédulos?” (1 Cor. 6:5, 6) Al recurrir a los tribunales mundanos para resolver asuntos que pudieran haberse solucionado dentro de la congregación cristiana estaban sufriendo un revés o derrota espiritual. Ninguno de nosotros quiere verse avergonzado o sufrir pesar por no considerar apropiadamente el arreglo que existe para juzgar en armonía con los procedimientos bíblicos hoy día. Más bien, debemos sentirnos impelidos a expresar aprecio sincero por estas provisiones teocráticas. Al prestar atención al consejo y buen juicio que proviene de los que ‘nos hablan la palabra de Dios,’ demostramos nuestro deseo de trabajar en estrecha colaboración con la clase del “esclavo fiel y discreto,” en sujeción a Cristo.—Heb. 13:7, 17; Efe. 5:24; Mat. 24:45-47.

    Ahora cuando se hacen manifiestos los juicios de Dios, estamos aprendiendo a apreciar las elevadas normas en armonía con las cuales tenemos que vivir. Se nos está ayudando debidamente a decidir asuntos personales, así como de congregación, aunque todavía somos imperfectos. Se nos está acercando más a El y se nos está suministrando un goce anticipado de su justo nuevo orden. En expectativa de ese tiempo glorioso, podemos decirle con confianza a Jehová: “Cuando hay juicios procedentes de ti para la tierra, justicia es lo que los habitantes de la tierra productiva ciertamente aprenderán.”—Isa. 26:9.

    Y para agregar al encabezado principal del temario expuesto por Josué, para no alargar mucho mi comentario sólo diré lo siguiente por el momento: No nos compliquemos mi estimado Josué. Recuerda las palabras de nuestro Señor Jesús cuando dijo, con toda claridad de interpretación, lo que está registrado en Juan 18:36: “Mi Reino no es parte de este mundo”. El cristiano sabe que si uno actúa contrario a las palabras de Jesús los resultados no serán buenos. Entonces, ¿por qué es que el clero sigue insistiendo en implicarse en los asuntos políticos y, trata de hacer que el reino de Dios parezca “parte de este mundo”?

    Un saludo cordial!

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